mercredi, 15 décembre 2010
118. ¿Madura uno con la experiencia?
Regreso triste de Bruselas, por razones familiares. El parque de Tervueren estaba cubierto de nieve y los altos troncos oscurecidos por la humedad destacaban sobre el cielo gris tórtola. Croar de las cornejas, trompeteos de bandas de ocas que desfilaban con elegancia en el cielo. Chimenea sin fuego y habitaciones demasiado ancladas en el pasado.
Una pregunta acuciante, a regresar a Europa, sigue siendo “¿pero qué habré aprendido de esta experiencia en China?”
A primera vista queda poco de las buenas resoluciones del regreso, la de asentarse y de considerar las cosas con más optimismo. Curiosamente, es el optimismo y una cierta confianza en si mismo que se desmoronan, como si al final China concedía energía y ímpetu al visitante, más allá del descubrimiento y de la facultad renovada de maravillarse y de descubrir ambientes y gente nuevos.
La época no es muy favorable, a decir la verdad, tanto en Madrid como en Bruselas. Uno adquiere la impresión que todo lo que apreciábamos, a nuestro alrededor, se debilita, se esfuma, por inconciencia.
Redescubrir Bruselas, sobre un fondo de crisis familiar, no habrá sido nada propicio para atenuar el desasosiego. Malestar entonces, bajo el sol oblicuo de diciembre.
Un reto sería –ya que el “Capítulo de Shanghái” se ha acabado desde hace algunas semanas- empezar el “Capítulo de Madrid”. Pero, ¿de qué maravillarse en una ciudad que se ha recorrido durante diez años? ¿Se intentaría?
mardi, 14 décembre 2010
117. Los elementes naturales y Shanghái
Madrid se ha cubierto de nieve, más bien de aguanieve, mientras las montañas alrededor si que se cubrieron de blanco. Montañas muy europeas, más obvias, sin ese dégradé tan típico de los paisajes del Yunnan, al umbral del Himalaya, que hace dudar de las distancias y de la realidad de algunos conto.
Durante aquellos seis meses de estancia en Shanghái, la gente había prometido todo tipo de fenómenos naturales, tormentas, monzón, tifones, calores extremas y hasta inundaciones, como si la ciudad gigantesca debía merecerse un entorno natural extremo.
El sonido de las tormentas era algo único. Los truenos parecían caer tan cerca de uno que era extraño no ver caer trozos de edificios. Hubo atisbos de monzón, colas de tifones, ninguna amenaza de inundaciones; eso si el calor estuvo algunas veces extraordinario pero nada particularmente destacable para alguien que conoce los veranos andaluces.
Luego ha llegado otoño y todo entonces estuvo más suave, los días parecían haberse estabilizados para dar una sensación de eternidad, una máscara de permanencia a una ciudad que no para de transformarse y agitarse. Tiempo de jade y de porcelana. Filigranas de oro y hilos de arañas surcando el aire como estelas de barcos intangibles. Canto discreto y delicioso de las últimas cigarras.
Descansan ahora los héroes y los sabios, ciclo de poetas y de melancólicos. Lento yerro de la luz hacia el invierno.
lundi, 13 décembre 2010
116. La experiencia de la Exposición Universal
Una experiencia vivida desde las mismas fundaciones será la de la Exposición Universal; pero aquí también ¿qué importa realmente?
La delegada del barco de una ciudad hanseática afirmaba que se podrían escribir novelas y detallar anécdotas pasmosas de lo que ocurrió allí, y es totalmente cierto que varios aspectos dan otra visión sobre el ser humano en general y sobre esta parte del mundo en particular.
Curiosamente, la imagen más simpática que quedará de la Exposición Universal será la del refugio del pabellón de Chengdu, con sus estanques colmados de lotos y de nenúfares, el sonido de las cigarras y de las ranas, los olores de flores desconocidas, el sentimiento de refugio en medio de la multitud abrumadora algunas días “álgidos”. Incluso soñar a:
Puis, sillonnant le lac, au pied des térébinthes,
Sur la jonque bizarre il se berce en rêvant,
Ou, dans le pavillon qui regarde au levant,
Cause avec ses amis, sous les lanternes peintes.
También recordar la azotea del Junco, único lugar donde salvaguardarse de la muchedumbre y echar una cabezada detrás de los grandes ventanales de bambú durante las horas más calurosas del día. Un mirador también, el de la terraza del pabellón de Alsacia durante la última hora del crepúsculo, donde se podía tomar unos tentempiés, hablar hasta la saciedad sobre todo y nada, un vino blanco y admirar los demás pabellones que encendían poco a poco sus luces alrededor.
Y el aspecto sensible del Junco como pecera humana, de una extendidísima curva que va de los peores de los sentimientos a los más admirables. Con la experiencia, saber que no conviene ser demasiado bueno, recordar siempre la lección de la “Compasión peligrosa” de Zweig y con las nuevas experiencias sufridas con la ocasión de la Exposición Universal.
Seguramente, con el tiempo surgirán otros recuerdos agradables, y la mezcla de Shanghái y de la Exposición Universal hará de esta estancia oriental un “recuerdo imperecedero”. O no.
jeudi, 02 décembre 2010
115. Lo que faltó a Shanghái para que se convirtiera en Haishang
Shanghái no pudo convertirse en Haishang por falta de tiempo. Si bien se adivinaban los pórticos y umbrales para franquear la sombra hacia la luz, era imposible cruzarlos bajo el avasallamiento de la Exposición Universal. Era por ejemplo quimérico
Imiter le Chinois au coeur limpide et fin
De qui l'extase pure est de peindre la fin
Sur ses tasses de neige à la lune ravie
D'une bizarre fleur qui parfume sa vie
La consolación es saber que esos elementos existen y que otros seguramente franquean los umbrales y pórticos. Queda un sabor a poco, a muy poco. A lo mejor ese poco es lo suficiente, como un ligero rasgo de incienso, y que no haya otra cosa que eso, que eso permitió escribir varios mensajes que tienen la tenuidad de hilos de araña flotando bajo un sol crepuscular una noche de verano, y nada más. Y ese nada más es a lo mejor lo que más importa.
mercredi, 01 décembre 2010
114. La “lección” de Shanghái
Con los últimos paseos por la Ciudad antes de regresar a Europa, ese fin tan anhelado pues ha llegado y el tiempo se ha desvanecido en horas. A la manera, de un sueño, realmente. Todo fluyó tan rápidamente, es cada vez pasmoso darse cuenta de ello. Un amigo madrileño escribió hace varias semanas:
Nosotros, en cambio, poco tenemos que decir, nuestra vida es la pura permanencia en lo mismo.
Después de Shanghái, ¿como se retoma una vida ? ¿Será nuevamente la pura permanencia en lo mismo ?
Recuerdo de este amigo que atravesó Europa y Asia para llegar a Shanghái desde Madrid y de haberse preguntado si tal viaje cambiaba el Uso del Mundo. Lo mismo con una larga estancia en China, en el marco de una Exposición Universal, ¿cambiará el Uso del Mundo o se retomará la pura permanencia en lo mismo?
mardi, 30 novembre 2010
113. El regreso
Parece un despertar, un largo despertar, empezar de nueva a escribir en esta página. Ya de regreso en Europa desde hace algunos días, sin la sensación de haber “aterrizado” llenamente, aún; conmoción agridulce de estar entre dos continentes, dos civilizaciones y dos ciudades, entre la agitación y el sosiego. Sobre todo, y encima de todo, el deseo de ser alguien diferente de la persona que se fue la primavera pasada hacía el Lejano Oriente, por la experiencia, por lo vivido y por el sencillo anhelo de progresar. Pero, ¿será posible? ¿Y es solamente deseable?
Las últimas semanas pasadas en Shanghái daban la impresión de un jarro de agua. Lleno, al principio, se vertía poco a poco a lo largo de lo seis meses de la Exposición Universal, con cautela al principio, pero luego con más y más arrebato. Esclusas abiertas hasta que no quede agua.
Últimas semanas en Shanghái, más bien últimas semanas en China. Ocasión de descubrir Hong Kong, Macao, Yunnan, Xi’an y Pequín.
Los primeros días madrileños parecían envueltos de niebla, nieblas de antiguos paisajes y personajes orientales que no se disolvían a pesar de la súbita distancia. Poco a poco, con el tiempo y los amigos redescubiertos, esa niebla ya se disipa. Luego un próximo viaje a Bruselas acabará quizás de disipar los últimos bancos fuliginosos.
lundi, 11 octobre 2010
112. Un paseo por Xuhui
Descubrimiento de lo que tiene toda la probabilidad de convertirse en el lugar de predilección de Shanghái para pasear y admirar los edificios. Se trata de un barrio llamado Xuhui, en el marco de la concesión francesa pero del otro lado de Huahuai Lu, comparado con otros barrios como Xintiandi y Taicanlu.
Hacia un tiempo magnifico para ir a descubrirlo, además acompañado con la lectura densa, barroca pero apasionante del Sueño en el Pabellón Rojo. El punto de partida era una callejuela peatonal, Ferguson Lane, demasiado renovada, reconstruida casi, al estilo Art Déco, pero tan agradable, despejada, con poca gente y con terrazas donde tomar un desayuno y leer tranquilamente. Luego, andar por calles contiguas, largas alamedas sinuosas. La gran particularidad del barrio, aparte de su buen estado de conservación y de las bonitas casas que se han construido allí, es justamente la sinuosidad de las calles, como si la línea recta fuera una abominación, o más bien para contrastar con los trazos más bien austeros de las mansiones. En una lectura de un libro epígono del estilo Nouveau Roman, el narrador hacia una descripción exhaustiva de calles onduladas, que permiten a la vista de sorprenderse a medida que uno avanza.
Algunos barrios de dos ciudades balnearias belgas, Knokke-Le Zoute y Le Coq, datan de la misma época y fueron trazados así, ex nihilo, cuando se pudiera pensar que siguen antiguas calles medievales o arroyuelos. Es aún más obvio en Shanghái, donde no hay prácticamente elevaciones que permitan justificarlo, y le confiere un valor aún más, digamos, “hermético”, donde prima un develamiento progresivo.
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dimanche, 10 octobre 2010
111. La lectura del Sueño en el Pabellón Rojo o Historia de la Piedra
Envuelto desde hace varios días en la lectura del Sueño en el Pabellón Rojo, tomos tras tomos, leídos antes de levantarse, durante el desayuno, cuando hay un rato libre, en las terrazas de la ciudad en momentos de sosiego, y último gesto antes de apagar la luz y acostarse. Un periplo arrebatador sobre los usos y costumbres de los miembros de un gran familia manchú instalados en un conjunto de palacios y de jardines en Pequín. No es nada palpitante, ya que la intrigue es absolutamente mínima y que la multitud de los personajes tanto principales como secundarios dificulta reconocerles, pero la descripción de prácticas tan disímiles, de rituales tan exactamente antiguos y implacables, y de sentimientos algunas veces incomprensibles le da toda su sabor.
¿Comparar la obra con la Búsqueda? Un atrevimiento muy poco pertinente. A lo mejor, si hay que buscar similitudes, con A Rebours, de Huysmans o ciertos versos de Mallarmé y de Hérédia, por el refinamiento de algunas descripciones de objetos, tejidos, elementos culinarios y de cosmética, y la languidez selecta de los personajes que pasean melancólicamente dentro de un jardín ameno pero peligroso al mismo tiempo. Permite poblar los jardines entrevistos hace tiempo ya, en Suzhou por ejemplo o en pinturas antiguas, permite también apreciar mejor las piezas antiguas expuestas en el museo de la ciudad, en particular los jades y las porcelanas.
Lo que fascina sobradamente es la extrema codificación de las relaciones entre los numerosos miembros de la familia, según la edad y el grado de parentela, la manera de saludar o de practicar el kowtow, y la amplitud de la domesticidad que les rodea. Un joven de familia siempre tenía que ir acompañado por varios pajes y doncellas, y todas sus acciones eran conocidas por todos los que le rodeaban.
Todo parece refinamiento y delicadeza, pero luego aparecen escenas muy violentas, matanzas, suicidios, violaciones y sobornos, como si la exquisitez de las poesías y las músicas que unos adolescentes ociosos se dedican en componer en un jardín similar a un Edén terrenal tenía que tener la ira como contrapeso. A, a semejanza de las flores de loto.
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samedi, 09 octobre 2010
110. Reaparecen las flores de osmanthus
En un mercado, entre los tenderetes de frutos y de verduras, aparece una vendedora acuclillada a la manera asiática, que vende manojos de osmanthus. Probado té oolong perfumado a la flor de osmanthus hace un par de semanas en la tienda de tés Song Fang, de una fragancia muy sutil, que uno quiere reconocer sin tener los elementos para hacerlo.
Flores de primavera, flores de otoño, coronando el principio y el fin.
Luego, paseando por el Pabellón de Chengdu, sorprende un olor penetrante, uno de esos olores extraños que parecen familiares pero que luego conllevan hacia playas desconocidas de memorias de vidas anteriores. Descubrir la fuente de ese néctar no fue fácil, ya que la flor de la que se destila esa fragancia es realmente diminuta, se mantiene oculta entre las hojas, y se colorea de un amarillo verdoso poco llamativo.
Recordar los siguientes versos:
La vie est une fleur que je respire à peine,
Car tout parfum terrestre est douloureux au fond.
La vida es una flor que apenas respiro, ya que en el fondo todo perfume terrestre es doloroso.
A ver si la experiencia de Shanghái permitirá -por fin- respirar sin miedo las flores que ofrecen la vida, sin pensar al dolor que aquello puede conllevar.
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vendredi, 08 octobre 2010
109.Calzados de seda bordada y porcelana azul y blanca
Una actividad algo rocambolesca pero solazada de momento es ponerse a buscar sitios excepcionales para el deleite de una Alteza que llegará próximamente a la ciudad.
Aquello significa ir a la búsqueda de lo que puede ser –o parecer- exclusivo para mostrarle y deleitarle, y hacerse abrir puertas de lugares escondidos, como algunos clubs con pretensión inglesa en antiguas villas de las concesiones internacionales o algunos salones privados en los restaurantes más cotizados.
Esta labor de vanguardia significa también ir a ver los productos artesanales de unas tiendas muy refinadas esparcidas por las antiguas concesiones internacionales. Asi, admirar unos calzados de seda bordada en una tienda minúscula y muy agradable, o otra tienda donde se puede apreciar porcelanas fabricadas a partir de la mejor arcilla, del caolín extraído de las colinas la comarca de Jingdezhen. Este tipo de arcilla, los chinos la llaman “huesos de porcelana” y permitía la fabricación de la mejor cerámica destinada a los usos de la Ciudad Prohibida, en particular piezas de la familia llamada “azul y blanco”… y recordar unos versos de Mallarmé:
Serein, je vais choisir un jeune paysage
Que je peindrais encor sur les tasses, distrait.
Une ligne d'azur mince et pâle serait
Un lac, parmi le ciel de porcelaine nue,
Un clair croissant perdu par une blanche nue
Trempe sa corne calme en la glace des eaux,
Non loin de trois grands cils d'émeraude, roseaux.
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mercredi, 06 octobre 2010
108. Un paseo por el lado de Pudong
Comida en compañía de una grumete del Junco, en la mesa 86 de M on the Bund. La suavidad extrema del tiempo, como aterciopelado y etéreo, una época ideal para leer versos como éste
The days in idleness passed by
To swell the taste of wasted years
Admirar el azul atenuado del cielo y el sol que se refleja en las paredes de cristal de los rascacielos de Pudong. Es realmente la terraza más agradable de la ciudad. Por ello es importante elegir la compañía y la grumete elegida era impecable para la ocasión. Hablar de próximos viajes, Hong Kong, Yunnan, Pequín,… y de la vuelta a Europa. Ya se tejen futuros recuerdos en la cuenta atrás de los días que desfilan más avivadamente:
- ¿Recuerdas cuando preguntabas por una bandeja de plata desde Madrid, en abril, cuando nosotros ni siquiera teníamos calefacción en el pabellón y que no llegaba nada? ¡Como nos hemos reído! No te dabas cuenta de lo que sucedía.
- Es cierto, si lo hubiese sabido, pienso que hubiese dado marcha atrás y que no me hubiese atrevido a venir aquí.
- Pues menos mal que no te dijimos nada entonces.
Luego, durante la conversación, se exclama:
- ¡Como! ¿Nunca has estado a Pudong desde que llegaste a Shanghái? No me lo puedo creer. Pues habrá que ir después de la comida. Te llevo esta tarde. Si, insisto.
Así pues, tomar un ferry que lleva hasta el otro lado del río y ver acercarse los famosos rascacielos totémicos entre una mareada humana, cabeza negras y empujones. Donde había arrozales hace apenas veinte años, ahora surcan amplias avenidas, centellean paredes translucidas bajo el sol poniente. Todo es tan humano y tan sobrecogedor. Había colas descomunales para acceder a los últimos pisos de las torres más altas y las aceras conocían el mismo flujo de curiosos. Visitar un centro comercial de lujo y el oceanográfico de la ciudad. A salir de la compañía de los peces más fabulosos, era ya de noche. Tomar la primera copa en el Jade on 36 (y saber que nunca, nunca jamás, se puede tomar un Bellini fuera de Venecia). Una vista espectacular sobre el río y el lado de Puxi, donde las primeras hileras de inmuebles, antaño imponentes, parecen enanos frente a los hermanos menores. El amplio desembarcadero crepita bajo los flashes de los turistas.
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mardi, 05 octobre 2010
107. La joven de la paloma blanca
Salida en compañía de un amigo de la Cesta. Cena en un restaurante español donde se come… carne de Kobe. Luego unas copas en el Velvet y en el M1NT. En el Velvet, cruzarse con un amigo común, que iba acompañado por una joven dramáticamente afectada a pesar de su “belleza natural”. Oriunda de Xi’an, venía por primera vez en Shanghái, aprovechando la semana de vacaciones que conmemora el día nacional. Iba vestida de un vestido “flower poper” y de una paloma enorme, blanca y plateada, con los bordes festonados, zapatos dorados a los piés. El accesorio daba a su semblante un aire completamente absurdo y hacía sufrir la gente que la acompañaba. El ridículo era soportable en el Velvet pero cuando se tomó la decisión de ir a tomar “la última copa al M1NT, empezaba a ser problemático.
- No pasa nada, dice el amigo de la Cesta, cuando llegamos le preguntamos si quiere dejarlo en el vestuario.
- Pero cuidado de no ser demasiado pesado, imagínate que piensa perder la cara.
Por desgracia, en un primer tiempo no quiso dejar el sombrero así que con ese adorno penetramos en uno de los santuarios más celebrados de la noche de Shanghái. Así que se trataba de pasar a lo largo del acuario donde tiburones de arrecife se trastornan y decaen, luego pedir una copa a la barra y avisar la pista de baile donde la gente enloquecida al sonido de la música que un DJ ebrio regala.
Es el tipo de local que impresiona la primera vez, ya que las vistas son realmente deslumbrantes. Sin embargo, pasado el efecto sorpresa, no tiene más mérito que ser un local nocturno como los demás, donde la fauna más mezclada permite a una señora de apariencia distinguida cruzarse con mujeres ligeras de casco, o maniquíes escuálidas con una turista teutona enorme, etc... Es el aspecto divertido.
Una escena no obstante: cuando se pide una botella de champán se forma una comitiva de camareros hacia la mesa donde depositar el precioso brebaje, se hace con una avanzadilla que lleva una bengala en la mano que aporta una luz dramática a los personajes de una escena barroca. Se separa la gente para dejar paso, repentinamente inmovilizados en una pose irreal mientras sigue la música y que alrededor otra gente sigue bailando. Parece en un relámpago una reinterpretación de un cuadro de Rembrandt, la Ronda de Noche, y pensar luego a esta frase de la Búsqueda:
Es una humanidad más fantástica que la que puebla la Ronda de Noche de Rembrandt. Y, sin embargo, quizá sólo es fantástica, de la misma manera, por la luz y por el traje, y en el fondo es corriente”
Mientras, era el momento de bailar y por suerte la joven quita su paloma, objeto de coloquio y sufrimiento, y se tambalea con él en la mano mientras que con la otra acaricia la cabellera. Entonces basta ser galante, proponerle llevarlo al ropero, cruzar, exultante, los tiburones, y regresar victorioso:
- A partir de ahora eres mi ídolo, exulta uno de los compinches de zozobro noctámbulo.
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dimanche, 03 octobre 2010
106. Una casa de té en la antigua concesión francesa
Uno de los descubrimientos más agradables habrá sido la casa de té Song Fang, en una calle arbolada de la antigua concesión francesa. Tiene un aspecto muy “Mariage Frères”, como su hermano menor, y eso le da un semblante aún más entrañable. La casa es de época Art Déco, en una esquina, lo que da mucha luminosidad al local, pero una luminosidad tamizada por la cercanía con antiguos álamos. Los tés están preservados en cajas de metal azul cerúleo con motivos rojos y blancos.
Este lugar y otros descubiertos a lo largo de esos meses constituyen la “memoria” de Shanghái y los umbrales tan ansiados hacia Haishang.
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samedi, 02 octobre 2010
105. El libro que prohiben las aduanas
Hace algunos meses, haber pedido la versión francesa de un clásico de la literatura china, El Sueño en el Pabellón Rojo, en edición de la Pleiade. Nunca llegaba. Preguntar, preguntar, hasta que al final llegó la noticia de que el libro había sido confiscado por las aduanas y destruido.
El mismo libro se encuentra en su versión inglesa en todos los estantes de las librerías internacionales.
Hubiera sido mejor descubrirlo en una edición bonita pero, hace una semana, cuando se lee que la “Búsqueda es el equivalente francés de la novela china El sueño en el Pabellón Rojo”, pues esperar se convertía en una cosa insoportable y comprarlo un acto irresistible.
Claro, afirmar que la “Búsqueda es el equivalente francés de la novela china El sueño en el Pabellón Rojo” es algo sin sentido, aún mejor cuando empieza a leer ese clásico de la literatura china.
¿Proust y China? El peligro amarillo ya inquietaban a la duquesa de Guermantes y al marqués de Norpois. Las fruslerías orientales atestaban las estancias de Odette de Crécy antes de conocer a Zwann y “educar” su gusto hacía el dieciocho francés. Y el parasol que Albertine envía a Lea, que Elstir compara a un quitasol chino, redondo y diminuto. Pero sobre todo el fragmento pared amarilla de un cuadro de Vermeer:
una preciosa obra de arte chino, de una belleza que se basta a sí misma
Si, y esa preciosa obra de arte chino que debería ser como la vida, o la vida como ella.
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jeudi, 30 septembre 2010
104.El canto de las cigarras de otoño
Otoño ha aparecido de repente en la vida de la ciudad y en el inmenso desembarcadero de la Exposición Universal. Las temperaturas bajaron drásticamente y con ello han aparecido toces y resfriados.
Por supuesto, el clamor orgiástico de las cigarras han desaparecido pero de momento, por las noches, silban, susurran otros insectos, sobre un tono mucho más manso y conforme a la nueva estación. Parecen débiles y al punto de extenuarse, sin embargo siguen cada noche y sorprenden en los jardines más tranquilos.
Había otras, de jade, apreciadas en la sala de los jades del Museo de Shanghái. Unas cigarras minerales, símbolos de felicidad y de inmortalidad, que se ponían en la boca de los muertos para acompañarles en el otro mundo.
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mercredi, 29 septembre 2010
103. La taberna del puerto
Cada puerto tiene su taberna donde se reúnen los marineros y los viajantes. Existen unos pocos sitios “similares” en la zona de Puxi. Uno de ellos es la terraza del Pabellón de Alsacia. Hay poca gente y el patrón o la camarera reciben con mucha amabilidad. Se aburren así que hablan con el cliente, cuentan anécdotas de los barcos circundantes mientras uno aprecia una copa de vino blanco de la región.
Una noche de lluvia fina después de un día gris como la eternidad, la terraza estaba vacía, salvo el patrón y un cliente. El cliente se exclama:
- Ah mais vous êtes le Français du Pavillon de Madrid! La commissaire du Pavillon de Venise m’a parlé de vous.
Una vez advertido de la equivocación, era sentarse a la misma mesa y empezar hablando “de la pluie et du beau temps”, charlar de la Exposición Universal, de Shanghái, dejar desfilar las palabras por el sencillo placer de hablar en compañía y en francés, porque el ruido de la lluvia confería una nota melancólica al momento y que el joven era simpático y se sentía solo.
¿Cuántos expatriados se habrán encontrado y simpatizado por el sencillo placer de congeniar y opinar sobre los mismos tópicos?
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dimanche, 26 septembre 2010
102.Inventar Balbec en Shanghái
De momento, el lugar irrebatiblemente más agradable de Shanghái es la mesa numero 86 de la terraza del restaurante M on the Bund. Es una mesa para dos comensales, muy separadas de las demás y próxima a la barandilla que da sobre el antiguo desembarcadero, protegida por la sombra de un árbol de pequeña dimensión, que parece de la familia del boj, y ubicada de tal manera que desde ambas sillas se puede admirar la vista, o sea los rascacielos del lado de Pudong.
Es muy fácil ir allí con un libro y disfrutar de unas horas de lectura en uno de los escasos lugares privilegiados de la ciudad donde se unen tiempo, espacio y silencio. Sin embargo es algunas veces más agradable ir en otra compañía, así que invitar a una de las grumetes del Junco y disfrutar juntos del momento, antes de ir de compras por la tarde.
Es muy sorprendente, desde la visión de los zapatos flameantes de la bailarina de flamenco que hicieron recordar una visión de la duquesa de Guermantes, hace un par de semanas, reminiscencias de La Recherche aparecen de vez en cuando a modo de instantáneos que irrumpen en las sensaciones y producen una impresión duradera que convierte más fácilmente Shanghái en Haishang.
Así, en esa terraza, con la temperatura agradecida del momento y el batir de las banderas sobre los mástiles, muy similar a la cantinela de las velas y de las cuerdas sobre los mástiles de un barco; pero también con los cubiertos de plata, la vajilla de porcelana, los vasos de color y el mantel blanco y pesado que cubre al completo la mesa, pues surgen evocaciones de Balbec, la grumete se convierte en una Albertina oriental elegida de entre las muchachas en flor que pasean por la orilla del mar y ese estremecimiento literario ensancha desmesuradamente la sensación de felicidad, una felicidad precisamente parecida a la del Narrador, cuando el roce de una servilleta en hotel de Guermantes hace resurgir la estación balnearia:
El comedor marino de Balbec, con su mantelería adamascada preparada como manteles de altar para recibir la puesta del sol, procuró alterar la solidez del hotel de Guermantes, forzar sus puertas, e hizo vacilar por un momento los canapés en torno mío (…) esta contemplación, aunque de eternidad, era fugitiva. Y, sin embargo, sentía que el goce que, con raros intervalos, me había producido en mi vida, era el único fecundo y verdadero.
Si, un goce, el único fecundo y verdadero.
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101.Un tour en motocicleta
Pues bien, el otro día, a contemplar los artilugios para calígrafos en la tienda de Fuzhou Lu, pasaron las horas y a salir del lugar, ya era de noche, y además el último día de trabajo de la mayoría de la gente, que se preparaba a celebrar el Festival de Mediado de Otoño en familia. Ese tipo de evento implica un colapso generalizado del centro de la Ciudad. Las calles estaban invadidas por familias llevando paquetes rojos y amarillos con los famosos dulces que se deben repartir y en la misma calle de los calígrafos debe haber una pastelería famosa, ya que una cola impresionante se amontonaba frente a una tienda y se extendía manzanas tras manzanas hasta la lejana Plaza del Pueblo, el antiguo hipódromo de la concesión francesa.
Era una visión de caos y la idea de regresar al hotel iba empezar a convertirse en una pesadilla cuando un hombre ajado, sentado sobre una motocicleta destartalada, pide la dirección, acuerda de un precio y presenta un casco tan viejo como su maquina.
El casco no tenía correa así que había que sostenerlo de una mano, cuando de la otra se tambaleaban algunos libros comprados antes. Y así empezó una travesía fantástica de la ciudad, cortando las hileras paradas de coches, pasando los semáforos al rojo, a punto de chocar varias veces con peatones apresurados.
Visión caleidoscópica de la Ciudad, entre el choque de las luces y de los ruidos, como si uno se encontraba en un cuadro futurista donde iba a vivir una experiencia fantástica.
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vendredi, 24 septembre 2010
100. La calle de los calígrafos
Existe una calle en Shanghái que permite franquear cómodamente el umbral hacía Haishang. Se llama Fuzhou Lu y se encuentra cerca del Bund. Debe de ser una calle “vetusta”, ya que es estrecha y las tiendas venden tradicionalmente libros, papeles o artículos de caligrafía.
Una de ellas es un lugar de predilección y sería una tienda perfecta para adornar una calle de Haishang. Sería entonces una calle peatonal, umbroso por el follaje de unos arboles muy antiguos pero no muy imponentes, con troncos jaspeados y hojas claras, algo diminutas.
Se puede pasar horas mirando a los artículos que utilizan los calígrafos orientales. ¡Y esa sensación de imposible analfabetismo frente a los artilugios creados y perfeccionados, pulidos y magnificados durante milenios!
Uno de los artículos más atrayentes de la tienda son unos abanicos de papel blanquecino salpicado de oro, con las varillas de madera oscura aún sueltas. Sirven al aficionado para escribir poemas o pintar paisajes.
En otra vida, pintar un palacio de jade luna y escribir
Palacio prohibido: la luna se desliza entre las ramas
Su bella mirada se retrasa sobre un nido de egrettas
De su alfiler de jade, pellizca la mecha
Para salvar de la llama una mariposa nocturna
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jeudi, 23 septembre 2010
99. La fiesta de la luna
Tradicionalmente en China se considera el otoño como la mejor época del año, más seca y templada, y se considera también como la época donde la luna tiene la reputación de ser más “agraciada”. Se organizaban actividades festivas como paseos bajo la luna o contemplación de la luna. Aquello es algo difícil en una ciudad tan “lumínica” como Shanghái, así que habrá que imaginarse la contemplación de la luna o un paseo debajo de la luna. A lo mejor desde una de las terrazas del Bund.
Las leyendas chinas relacionadas con la luna son bastante bonitas. Una de ellas cuenta que una joven vive allí en un palacio de jade, llamado Amplio Frío. Bebió demasiado elixir de inmortalidad y como consecuencia se elevó hasta el satélite para siempre.
Así que a partir de ahora, a levantar la cabeza hacia la noche y contemplar la luna llena, imaginarse siempre las fantásticas arquitecturas de un descomunal palacio de jade.
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